diciembre 17, 2012

Mi Amigo Percy



Yo tengo un amigo que se llama Percy y al cual conozco hace más de 30 años. Es sin duda uno de esos amigos para toda la vida, y nuestra relación es prácticamente de hermanos. Lo conocí cuando entró de operador de computador a IBM y yo trabajaba en el área de producción. Las circunstancias de su ingreso fueron curiosas. Los otros tres muchachos que ingresaron eran hijos de empleados. Uno de los operadores, Dicky, decidió adoptarlo, porque se le conocía como el hijo de nadie.

Para ser sinceros, nadie daba medio por él. Bajito, gordito, con un aire de pingüinito rubio, y con una inteligencia social cercana a cero. Lograba exasperar hasta a un muchacho llamado Pepe, que era consagrado de una orden religiosa laica. Era intolerable. Además andaba siempre desaliñado y parecía haberse robado las corbatas que su viejo había dado de baja.

Empezaron a circular apuestas sobre si pasaba el mes sin que lo boten. Algunos le daban dos semanas. En ningún caso, pasaría los 3 meses de ley, según los más conservadores.

Esta era la época en que el Centro de Cómputo de IBM empezaba a ser el semillero del que IBM nutrió muchos de sus cuadros gerenciales y técnicos. Siempre había alrededor de 15 o 16 jóvenes, cada uno más brillante que el otro, pero con personalidades de todos los sabores. 

Varios de ellos llegaron a Gerentes Generales, no solo en el Perú, sino en otros países y regiones, e incluso a niveles más altos. La realidad es que los peruanos de IBM son considerados muy por encima de la mayoría de países del mundo, incluyendo Europa, Asia y Norteamérica. Perdón, me olvide de África y Oceanía…

Pero Percy era especial. Ante propios y extraños, logró permanecer en IBM. Nadie ganó la apuesta porque ni uno de nosotros había pensado que iba a durar. Pingui seguía creando antipatías y generando conflictos. Pero había que admitir que bruto no era. Insoportable sí
.
Después de tantos años, todavía me sigo preguntando como fue que pudimos hacernos tan amigos. Es la única persona a la que le he querido pegar en estado sobrio en los últimos 40 años.

Fue en la sala de máquinas, y Percy estaba en su estado anímico normal, tenso, histérico y de mal humor. Recuerdo haberle hecho una broma ligeramente irónica y el agarró un manual de IBM, que era especialista en hacerlos densos, grandes, gruesos y pesados ¡y me lo tiró violentamente a la cara! Me le fui encima, totalmente fuera de control y a duras penas, César y Dusan lograron contenerme. Cesitar me decía, “¡Gordo piensa en tu futuro, no la cagues!” y Dusan, mas práctico y filosófico, sólo dijo “¡Ya olvídate, no le hagas caso a este enano!”

Me llevaron prácticamente cargado hasta mi oficina y tuvieron el buen tino de quedarse conmigo un buen rato hasta que la adrenalina bajó a niveles normales y volví a ser el mismo gordito simpático y bonachón que todos conocían.

Por esos días, dos personas trabajaban en Producción, y los demás en Operaciones. Ricardo y yo éramos Producción, pero alguien vino con la idea de trocar puestos, es decir, alguien de operaciones pasaría por Producción cada mes y Ricardo y yo haríamos lo mismo en Operaciones. No es necesario adivinar que el primero en ir a Producción conmigo fue Percy, creo que por votación unánime.

Todo el Centro de Cómputo, incluida Producción era área restringida, pero al poco tiempo se creó una línea imaginaria que él y solo él no podía cruzar.  Sin embargo, y sin sorpresa para nadie, la cruzaba todos los días. Todos los días lo hacían regresar pero el insistía.

Esta era una cualidad de Percy que hacía que al final siempre lograra lo que se proponía. Era incansable, insistente, perseverante y tenaz hasta el extremo. Terminaba ganando por cansancio cuando no era por alguna salida brillante que ponía el caso o el asunto en discusión en un nivel diferente y desde una óptica inesperada. En ese momento, y como maestro en el manejo de crisis, se empleaba a fondo y todo el mundo reconocía que era una solución muy aceptable, pero sentíamos de algún modo que nos había “enyucado”.

Un amigo común que estudió con él en el colegio, me contó una anécdota que da cierta idea de cómo es Percy. Con el carácter que tiene, no es sorpresa para nadie que más de uno haya querido pegarle, como puedo atestiguar, pero en este caso, era un muchacho que le llevaba más de una cabeza. Percy era el mas bajito de su clase, por cierto. Una vez más, los pronósticos estaban todos en su contra. Además, Percy tiene pie plano, y usa un inhalador para su asma.

Empezó la bronca y parece que duró poco. El oponente se vio atacado por un torbellino de patadas, puñetes, y todo lo que había en la humanidad de Percy, sin prácticamente opción a devolver un golpe. La pelea terminó como terminan todas esas peleas; uno en el suelo, y el otro sentado encima, sujetando los brazos con las rodillas. Una vez más, los observadores tenían la sensación que lo que habían visto no podía haber pasado… Y la sensación era siempre la misma: Percy había sacado una carta de debajo de la manga que nadie esperaba.

Recuerdo que para la despedida del gran Quichi, legendario operador, fuimos al chifa del papá de Ernesto, y se habían esmerado en hacer una comida extraordinaria. Todos los platos estaban deliciosos, eran desconocidos para la mayoría y tenían una presentación espectacular.  Mirábamos entre asombro y saliva involuntaria la fabulosa caravana y en eso, Percy que suelta un “¿Y el Wantán? ¿Dónde está el Wantán? Porque yo, si no como Wantán, no he ido al chifa.”

Silencio. El papá de Ernesto, que había estado mirando complacido las caras de todos nosotros, asimiló el golpe. Esto era como ir al Carlín y pedir papas fritas. Lo digo porque un primo mío así lo hizo, para embarazo mío y de los anfitriones.

El chino Ricardo, que era el que estaba a cargo de los “chupes”, como llamábamos a los operadores nuevos se encabronó, y dijo: ¿Quieres Wantán? Ahora vas a comer Wantán. Mirando al mozo, pidió 2 docenas de Wantán Frito y esa noche, Percy sólo pudo comer Wantán.

En otra ocasión, el día anterior a procesar los datos del examen de ingreso de la Universidad de Lima, Aldo, que era el control de turno en ese entonces, venía de almorzar con las autoridades de la Universidad, y entrando, alguien le dice: “La 2540 está malograda”. La 2540 era una lectora de tarjetas, la única con capacidad de leer tarjetas marcadas con lápiz (OCR), que obviamente eran las que llegarían al día siguiente después del examen para ser leídas y procesadas. Es evidente que esa frase sólo tenía sentido para unos pocos, y por supuesto, ninguno para los funcionarios de la de Lima. Percy, que además tenía el don de la ubicuidad desastrosa, estaba al lado de Aldo, y no se le ocurrió otra cosa que decir “Pobrecitos los de la de Lima, no van a poder procesar sus exámenes”.

Nuevamente, la vida de Percy estuvo en peligro.  Logró sacar de quicio a compañeros, gerentes, clientes y cuanto ser humano se le ponía delante. Rara cualidad que no era envidiada por nadie.

Quizás cuando sufrí la oportunidad de trabajar con él fue que empezamos a hacernos amigos. Perdí la paciencia innumerables veces. Marita me pedía que tuviera calma, pero algunas veces llegaba a la casa casi descompuesto. Para colmo de males, descubrí que vivía a una cuadra de mi casa. Dios siempre suele jugarme este tipo de bromas, situaciones en las que me hace preguntarle ¿Por qué yo, Dios mio?

Pero se ganó el respeto de todos y el mio también. Nunca he conocido a nadie que tenga una determinación y vehemencia tan grande por lograr lo que se propone. A veces pensaba en él como una piña, espinoso y poco atrayente por fuera, pero dulce y jugoso por dentro. Tenía un corazón de oro.

Se encariñó con mi hija Mónica, le regaló su primer triciclo, y siempre nos visitaba, para “conversar”. Una noche de domingo, Marita se fue a misa y nos dejó cuidando a Mónica. Muy contentos, estábamos tomando unos tragos y en eso descubrimos que había que cambiarle los pañales. El olor y el llanto fueron sutiles indicadores que no nos quedaba otra. En esos tiempos los pañales eran de tela, y era todo un arte el doblarlos y colocarlos, por lo menos para mi, y Percy tenia menos idea que yo, que no tenia ninguna.

Fase Uno: Procedimos a quitarle el pañal. Mediano éxito, manchamos la cuna y las sábanas, pero logramos tirarlo a la basura.

Fase Dos: Proceder a limpiarla y lavarla. No nos fue tan bien. No encontraba los “wipes” y gastamos un rollo de papel higiénico mojado, limpiándola y limpiándonos las manos. Movimos el tacho de basura al lado de la cuna demostrando creatividad e ingenio. Simplificamos una tarea que se había vuelto muy repetitiva, sobre todo después del segundo rollo de papel.

Fase Tres: Poner el pañal limpio. Solo puedo decir que nos tomó más de media hora, no lo pudimos colocar adecuadamente nunca, pero logramos el objetivo principal: Mónica estaba limpia y había dejado de llorar.

Marita regresó y orgullosos le contamos nuestra hazaña. Después de mirarnos seriamente y antes de cambiar a Mónica nuevamente, simplemente nos dijo: “Por favor lávense la cara. Tienen caca por todos lados.”  No he vuelto a poner un pañal en mi vida.

Finalmente Percy salio de Operaciones, y pasó por Ingenieria de Sistemas y Ventas, creando siempre los anticuerpos en ese estilo suyo tan propio, pero con resultados extraordinarios.

Por ese entonces, lo mandaron a USA a estudiar un lenguaje de Base de Datos, llamado SQL. El curso duraba una semana y era el primer viaje de Percy.

Pasó una semana y Percy no regresó. Paso otra y nada, Finalmente pudimos averiguar que corrigió tantas veces al profesor, que a éste lo mandaron a la casa y Percy se quedó 3 semanas mas para dictar él mismo el curso.

No sé cómo nacen los afectos. Pero entre Percy y yo nació un afecto muy grande, que se convirtió en una inseparable amistad, que ni los años ni los conflictos que sufrimos pudieron disminuir. La distancia, que destruye amores a mansalva y sin contemplaciones, parece hacer lo contrario en cuanto a cariño. Ese fue nuestro caso. Las pocas veces que nos vimos desde que salí del Perú, eran como si nos hubiéramos visto ayer. Lo que no logro explicarme es que yo sé que con el tiempo, las personas cambian. Unos se vuelven mejores, otros peores, algo así como el vino y la cerveza; la vida nos engríe y después nos golpea y esa montaña rusa tiene sus altos y sus bajos. Nos volvemos más viejos, no necesariamente más sabios, y somos, en definitiva, diferentes. Me ha pasado con otras personas, descubriendo dolorosamente que a veces no hay nada de que hablar y los recuerdos en común se han olvidado o desdibujado en el tiempo.

Con otros, con los amigos de toda la vida, es como si los hubiéramos visto hace un rato. Las mismas alegrías, las mismas jodas, las mismas tristezas y el mismo interés por el otro. Eso hace toda la diferencia.

Con Percy trabajamos juntos en otra compañía a la que el me llevó, donde sufrimos grandes emociones, de las buenas y de las malas. Nos distanciamos, nos acercamos, peleamos, discutimos, conversamos, abrimos nuestras almas y mentes y compartimos momentos muy difíciles.

Pero recuerdo que tuve que implantar una censura en sus cartas a clientes y proveedores. Eran tiempos en que el correo electrónico se circunscribía a algunas empresas grandes, y el Internet estaba recién empezando. Era normal y aceptable el escribir cartas para llamar la atención sobre un problema en el cliente o la cobranza con algún proveedor.

Percy solía utilizar en sus cartas términos como “Es completamente inaceptable…”, ”Absolutamente equivocado…”,  “Totalmente falso…” y perlas por el estilo. Tuve que explicarle que había que decir “No estoy de acuerdo…”, “No se ajusta a la realidad…” y “No es exacto…”, porque cuando uno leía sus cartas, tenía la impresión que estaba gritando. 

Pero aprendió. Porque Percy aprendía todo, siempre tenía mil cosas en la cabeza y trataba de encargarse de todas al mismo tiempo.

Después, cada uno por su lado, tuvimos oportunidad de trabajar cada uno en su compañía, y el me ayudó a mi mucho mas que yo a él. Percy regresó a IBM y yo me vine a USA.
Y dejamos de vernos por muchos años De vez en cuando un correo, o una llamada, pero muy poco en realidad.

Siempre he escuchado cuando hablan de alguien valeroso, decir frases como “No conoce el miedo” o “No tiene miedo de nada”. En mi opinión, aquellos no son valientes, sino mas bien sufren algún tipo de limitación, que raya en la debilidad mental o la escasez de luces. Valiente es aquel que conociendo el miedo perfectamente, logra actuar y hacer a pesar de él.

La frase favorita de Percy era “Me cago de miedo”. Y yo le creía y le creo. Pero eso nunca fue obstáculo para enfrentarse a lo que se le pusiera delante, cuando muchas veces yo, prudentemente, me ponía de lado.

Mi amigo Percy tiene cáncer. Y del malo. Del agresivo. Y el sí es valiente. Fue diagnosticado hace 4 años con cáncer al colon en etapa IV, y le dieron 6 meses de vida. Esos 6 meses pronto se convirtieron en un año, luego en dos, en tres y en cuatro. Ya vamos por el quinto. Estuve con él en el MD Anderson Hospital cuando le diagnosticaron el cáncer al hígado, cuando lo operaron y lo cerraron casi sin tocarlo, y cuando lo radiaron después por casi dos meses.

Dicho sea de paso, en la operación, le pusieron una cánula en la médula con un switch para que se auto inyectara morfina por el dolor post operatorio. Se la pusieron mal, y cada día llegaba el “Pain Team” a ver como seguía. El insistía en que se la sacaran, porque terco como la mula que es, no lo usó ni una vez, y el dolor que más le molestaba era el de la bendita cánula. Finalmente aceptaron.  Otra vez, Percy tenía razón.

Le contagiaron también el estafilococo dorado en la sala de operaciones, y el corte que le hicieron, que era mas como uno de esos cierres relámpagos para abrir y cerrar una mochila, se infectó tremendamente.

Lo vi cuando comía y su cuerpo rechazaba todo alimento. Una hora después, y con una fuerza de voluntad a prueba  de gladiadores, volvía a comer, y así durante el día. Lo vi cuando tenia sus noches negras y sus despertares grandiosos, con esa actitud de pónganme lo que sea al frente, que tantos que lo conocen han podido disfrutar o sufrir, de acuerdo a su humor.

Al poco tiempo, Percy tuvo que ser operado por un tumor al cerebro. Sin embargo, celebró el año nuevo, celebró sus 50 años a lo grande, tuvo otra operación mas, y sigue metido en mil cosas, en la directiva del Regatas, en sus planes para llevar educación por Internet a todo el Perú, preocupándose no solo de su mujer y sus hijos, sino de sus hermanos, de su papá y su mamá, y hasta de los amigos. Me ha buscado trabajo varias veces, a mí y a otros.

Por lo que sé, su médico le ha dicho que ahora están en “uncharted territory”, es decir, contra todos los pronósticos, otra vez Percy ha llegado a donde nadie lo esperaba. Sigue adelante, con ciertas limitaciones, pero ahí está, dando la lucha. Ciertamente pienso que el cáncer no sabe con quien se ha metido.

Eso no quita que siga siendo el mismo metiche, insolente, terco generador de crisis que ha sido siempre. Pero aquellos que han podido leer sus comentarios en Facebook, y toda la gente que lo rodea, ha aprendido no solo a admirarlo, sino a respetarlo y sobre todo a quererlo.

Mi amigo Percy es así. Toda su vida ha sido con la corriente en contra, y para él, las cosas siempre son mas difíciles que para los demás.

Creo que Dios ha querido hacer de él un ejemplo de inspiración para aquellos que se rinden antes de empezar y para aquellos que se cansan de luchar.

Para mí, es una fuente de energía. Verlo y escucharlo, aunque este histérico, o negro como una nube tormentosa, me alimenta y me contagia de esa electricidad que posee, en la que todo lo que le rodea tiene que vibrar y girar a cien por hora.

El único misterio en todo esto, y que no logro explicar, es como y sobre todo porqué lo quiere tanto la gente. Porque Percy es un sabor adquirido, así como el sushi o el ceviche. Hay que paladearlo varias veces para saber todo lo que vale y puede dar.

En cuanto a mí, me considero inmensamente afortunado en tener una relación de hermano con este pingüino al que quiero tanto.

2 comentarios:

  1. Mil Gracias
    Fernando, mil gracias por todas tus enseñanzas y por esta bella historia, nada que agregarle.. Me haz hecho llorar de recordar como entre a IBM y como me ha ayudaron a cambiar y ser menos antipatico al principio, yo tampocono no se por que a pesar de todo lo que he sido considero que no tengo ningun enemigo y que lo que me ha dado DIos son amigos extraordinarios de los que aprendi. Tu sabes que eres un hermano para mi y tu familia es mi familia.

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  2. Anónimo4/1/13 21:19

    Tengo el honor de haberlos conocido a ambos, excelentes personas y sobretodo profesionales.
    Mantengo el mejor de los recuerdos y aprendizajes en el manejo de conflictos y negociación con clientes ... :D

    !Ambos mis maestros!.

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